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BRAHMS

 

El violinista húngaro Ede Reményi recordaba que, en Junio de 1853, su compañero de gira Johannes Brahms se quedó dormido en Weimar mientras Liszt interpretaba ante ellos su reciente Sonata en Si menor. Hoy se discute un poco esta anécdota, pero nos preguntamos si aquella creación (para nosotros referencial y llena de nuevas ideas) y aquel increíble pianista le eran tan indiferentes a otro gran creador y pianista que, a pesar de su personalidad y tempranos logros, era dos décadas más joven!
Así como no sólo en el Liszt veterano encontramos aspectos modernos de la armonía o el discurso musical, algunas características que asociamos al Brahms maduro (introspección, densidad expresiva) existieron desde las primeras obras que publicó, tras una seria criba que continuó imponiendo en toda su trayectoria. En la primera parte de este programa podrán apreciar algo de esto: la cuarta Balada podría haber entrado en las últimas series de Klavierstücke e, igualmente, la Rapsodia que cierra el “piano solo” de Brahms puede compararse con el vigor sombrío del Scherzo Opus 4 (la música suya más temprana que conocemos y que Liszt tocó a primera vista en la visita antes mencionada).
El arte de la variación había recibido de Beethoven una imaginación insólita, llegando a rozar el surrealismo; Brahms lo hereda con veneración y simpatía. Al igual que Beethoven, partirá frecuentemente de temas sencillos…como lo hizo en las imponentes Opus 24.  Si bien de la mano de Reményi conoció el virtuosismo cíngaro, mucho más profunda y diversa fue su relación con otro violinista húngaro: Joseph Joachim. A él le escuchó tocar, entre otras maravillas, las obras para violín solo de Bach y, con motivo de una lesión en la mano derecha de Clara Schumann, adaptó su Chacona al piano con muy pocos aditivos personales.